En el interior de una iglesia gótica, San José de Cupertino, un monje franciscano del siglo XVII, levita siete metros sobre el suelo en estado de éxtasis, mirando hacia arriba a una estatua de madera situada a diez metros de altura. El monje, de entre 30 y 40 años, con cabello castaño corto y barba tupida de longitud media, viste un hábito franciscano marrón que se agita con el movimiento. Un halo luminoso rodea su cabeza y sus dos pies descalzos. Su rostro muestra una expresión de felicidad espiritual mientras mira hacia arriba. La estatua de madera, elevada sobre una alta columna, muestra a la Virgen María y al Niño Jesús mirando con ternura al monje, con sus rostros tallados expresando amor divino y aceptación. La Virgen María tiene un rostro que refleja la mirada de una madre y es muy hermoso. El Niño Jesús está tallado en madera con gran detalle, especialmente sus rostros, que muestran expresiones de amor divino y aceptación. San José de Cupertino sostiene un voluminoso libro de estudio encuadernado en cuero en su mano izquierda mientras está suspendido en el aire. Aparecen algunos pájaros pequeños en la escena. San José mira a los ojos de la Virgen María. El interior de la iglesia presenta altas columnas de piedra, bóvedas nervadas y arcos ornamentados, con luz natural que entra por las vidrieras e ilumina la escena. Pintura al óleo clásica con iluminación cálida y colores vivos al estilo de Joaquín Sorolla.
10.09.2025 09:15